El oro no conoce la inflación.





A lo largo de los años, la mayoría de nosotros vamos ganando nominalmente cada vez más dinero.

Ahora bien, ¿significa eso que tenemos mayor capacidad de consumo? Inflación es la palabra mágica (o más bien «palabro») que hace que suban los precios de los artículos de necesidad diaria.

La realidad es que la deuda pública de los países está creciendo a un ritmo vertiginoso y a unos volúmenes importantísimos en todo el mundo.

Incluso un estado tan rico como Alemania está tan endeudado que en la actualidad ya está pagando más de 35 mil millones de euros anuales en concepto de intereses.

Estados Unidos ya estuvo a punto de declararse varias veces en quiebra durante los últimos años.

¿Qué pasaría en una situación así?

Los estados emitirían los billetes necesarios para cumplir con sus acreedores, la moneda perdería valor y el ciudadano de a pie tendría menos dinero en el bolsillo o podría comprarse menos cosas con él.

No pretendemos crear incertidumbre ni dar miedo, lo único que queremos es concienciar sobre la realidad de posibles escenarios que pueden darse en el futuro. ¿O qué es lo que nos han enseñado si no las crisis financieras y monetarias de los últimos años?

La seguridad, tal y como todos desearíamos tenerla, es frágil. La quiebra de instituciones financieras importantes, las ayudas estatales para bancos o los rescates de estados de la zona euro son escenarios que hace una década muchos hubieran tachado de confabulaciones.

Y eso que cualquiera que vuelva la vista hacia atrás es consciente de que se podría haber previsto lo que acabó por ocurrir.

La economía mundial está basada en un sistema financiero que existe desde hace algo más de 600 años y no ha sufrido ninguna evolución desde entonces.

Este sistema se basa en un modelo en el que los consumidores, las empresas y, sobre todo, los estados se endeudan hasta que llegan a un nivel de deuda que es imposible de asumir.

El futuro de este modelo es el colapso seguido de una hiperinflación y el inicio doloroso de una nueva era, al igual que ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial.

Los muy criticados gobiernos se encuentran en este círculo vicioso y al contrario de lo que se cree en la opinión pública, no pueden hacer nada contra ello, ya que ellos solos no podrían cambiar este sistema.

Los propietarios de oro son, como tantas veces en la historia, los verdaderos beneficiados de este tipo de crisis, ya que el oro no puede reproducirse de forma discrecional como los billetes: el oro mantiene siempre su valor, incluso aunque el precio del oro pueda variar en algún momento.

Asimismo, el oro, al contrario que el dinero, no depende de la confianza que depositan los ciudadanos en los estados e instituciones.

El oro es oro y, al fin y al cabo, el medio de pago de valor más estable de toda la historia de la humanidad.


Este ejemplo resulta muy ilustrativo: 

En 1900, 20 marcos equivalían aprox. a siete gramos de oro. A un precio de 23 céntimos de marco alemán, los ciudadanos alemanes podían comprar con ellos 87 panes de centeno.

En cambio, a fecha de mayo de 2014, siete gramos de oro valen aprox. 210 euros y una hogaza de pan de centeno cuesta de media 2,31 euros.

Eso equivale a casi 91 panes de centeno y, con ello, se demuestra que ahora, 100 años después, se mantiene casi exactamente la misma proporción entre el valor del oro y el valor de los artículos de uso diario.

Más claro imposible: el oro no conoce la inflación.


José Jumilla Vegara






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José Jumilla Vegara Desarrollador Web

José Jumilla, afiliado de Karatbars International GmbH. Mi objetivo es dar a conocer por medio de mi blog la importancia que tiene el oro para asegurar y proteger los ahorros del pueblo, de la gente normal y corriente. Username de Karatbars: orofuturo.

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